La vida está constituida por muy pocos elementos químicos, denominados Bioelementos, cada uno de los cuales ocupa su lugar y desempeña su función en la compleja estructura de las biomoléculas.
Cuatro de ellos, el carbono (C), el hidrógeno (H), el oxígeno (O) y el nitrógeno (N), son los más abundantes, los tres primeros forman el entramado maestro de todas las moléculas biológicas, y el nitrógeno, el de las proteínas y ácidos nucleicos principalmente. Además se encuentran el azufre (S), presente en proteínas, el fósforo (P), en nucleótidos; el cloro (Cl), el sodio (Na) y el potasio (K), cationes fundamentales para la transmición del impulso nervioso; el magnesio (Mg) y el calcio (Ca), cofactores importantes y una serie de elementos traza u oligoelementos, en escasa cantidad, como el hierro (Fe), que forma parte de la hemoglobina y de los citocromos de la cadena respiratoria, el cobalto (Co), el zinc (Zn), el manganeso (Mn), el cobre (Cu), el yodo (I), y otros como el boro (B) y el molibdeno (Mo), presentes sólo en algunos seres vivos.
