En el transcurso del siglo XVIII surgieron en Europa movimientos que recibieron el nombre de Las Nuevas Ideas, La Ilustración o lluminismo.
Los promovieron pensadores de distintas nacionalidades y tuvieron el apoyo de la burguesÃa.
Con relación a la vida polÃtica, se manifestaron contrarios al absolutismo y partidarios de gobernar a los pueblos mediante la distribución entre varios ciudadanos de los poderes de legislar, administrar y juzgar.
Respecto de las creencias religiosas, propiciaron el deÃsmo -o sea una libre y confusa creencia en un Ser Supremo- y se atacó a la Iglesia, a la que se pretendió acusar de sostenedora del despotismo polÃtico. Como máximos valores se señalaron la Razón y la Ciencia, ésta fruto de aquélla, consideradas ambas el medio para dominar al Universo y alcanzar la felicidad individual y social.
Estas nuevas ideas nacieron en muchos casos de un comprensible propósito de renovar el gobierno de los pueblos; pero en otros fueron sostenidos por espÃritus sectarios o se fundaron en principios equivocados. Precisamente esto fue causa de que de ellos se derivaran movimientos sociales o polÃticos perturbadores o negativos.