El origen de la Vida

Durante mucho tiempo, el origen de la vida constituyó un campo de especulación apasionante para filósofos y pensadores, que elaboraron las más insólitas teorias al respecto. Hasta que no se desarrollaron métodos experimentales bioquímicos adecuados y se dispuso de teorías coherentes y basadas en hechos bien establecidos en el laboratorio acerca del comportamiento químico de las biomoléculas, no fué posible estructurar una hipótesis sólida acerca de la forma en que surgieron los primeros compuestos orgánicos en nuestro planeta.
En la década de los 50, Urey y Miller lograron sintetizar en el laboratorio compuestos orgánicos básicos para la vida, como aminoácidos, azúcares y otros, a partir de sustancias inorgánicas de tipo reductor, como NH3, CH4, H2, N2 o HCHO, en solución acuosa y utilizando como fuente de energía radiaciones ultravioleta. Este habría sido sin duda el primer paso en la aparición de la materia viviente.

El segundo paso habría sido la unión de estos monómeros, tras un proceso muy lento de concentración de dichos compuestos en el océano primitivo, para formar polímeros. Una vez formadas estas macromoléculas, se habría producido una agregación en micelas coloidales, como sugirió Oparin, las cuales habrían dado lugar a vesículas que, al captar diversas moléculas del medio, como enzimas, polinucleótidos, etc., habrían formado las primeras piezas o elementos de un primitivo metabolismo. El perfeccionamiento de toda esta maquinaria habría llevado centenares de millones de años hasta que se originaron las primeras células dotadas de un aparato nuclear efectivo, una capacidad de reproducción y unas rutas metabólicas más o menos complejas.

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