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Expediciones militares

Para asegurar el acatamiento a su autoridad, los nuevos gobernantes luego de La Revolución de Mayo, decidieron enviar expediciones militares de auxilio al Alto Perú y al Paraguay, así como un agente diplomático a Montevideo.

La destinada al Alto Perú partió de Buenos Aires a principios de junio, con Francisco Ortiz de Ocampo por jefe.
En Córdoba debió reprimir a quienes no querían aceptar la autoridad de la Junta, entre otros el gobernador Gutiérrez de la Concha, el obispo Orellana y el ex virrey Santiago de Liniers, radicado allí desde tiempo atrás. Tomados prisioneros éstos y otros conspiradores, se los fusiló a todos, con excepción del prelado. Como Ortiz de Ocampo se resistió a tomar tan grave medida, fue relevado y se hizo cargo del mando militar Antonio González Balcarce, en tanto que la dirección política de la expedición se confió al vocal de la Junta don Juan José Castelli.

El ejército penetró en tierra altoperuana, venció el 7 de noviembre en la batalla de Suipacha y llegó hasta la frontera con el virreinato del Perú. Allí fue derrotado el 20 de junio de 1811 en la batalla de Huaqui o del Desaguadero. La expedición retrocedió hasta Salta y todo el Alto Perú quedó dominado por tropas del virrey del Perú.

Batalla De Suipacha

Batalla De Suipacha, Por Engineer Nicolás Grondona (died 26 August 1878) (Museo Histórico Nacional, Buenos Aires.) [Public domain], undefined

La columna militar destinada al Paraguay fue puesta al mando del vocal Manuel Belgrano. Éste trató de llegar a un arreglo pacífico con el gobernador Bernardo de Velasco, quien se negó a ello. Las tropas de Buenos Aires debieron retirarse del Paraguay al ser sucesivamente vencidas en Paraguarí y Tacuarí (en enero y en marzo de 1811).
Poco después, los asunceños depusieron a Velasco y formaron una Junta de Gobierno local, que no se subordinó a la de Buenos Aires y aisló al Paraguay de las otras provincias rioplatenses.

Gestión en Montevideo: el vocal Juan José Paso no tuvo éxito en la misión que cumplió ante los montevideanos para que se acatase a la Junta de Buenos Aires. La negativa fue promovida por los jefes de la flota real, allí estacionada, los que en su mayoría eran peninsulares y no simpatizaban con los porteños.

En cambio, Buenos Aires tuvo el apoyo de los habitantes de la campaña oriental, los que se alzaron a las órdenes del capitán José Gervasio Artigas. Para ayudarlos, llegaron tropas porteñas, que inicialmente estuvieron al mando de Belgrano -ya retornado del Paraguay- y después de José Rondeau. Mientras éste ponía sitio terrestre a Montevideo, la situación se complicó al ser invadida la Banda Oriental por tropas portuguesas provenientes del Brasil.

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