La Revolución Industrial nacida en el siglo anterior continuó desarrollándose en el XIX. Esto determinó un gran crecimiento de las ciudades y el lento abandono de los campos por quienes esperaban encontrar mejor salario en las fábricas.
Pero una de las lamentables consecuencias de la expansión industrial fue que muchas familias vieron desmejorar su situación por el bajo salario que percibÃan los obreros, la precariedad de las viviendas, el deterioro de la salud y los enfrentamientos entre patrones y trabajadores.
La necesidad de mejorar la situación de los trabajadores y sus familias determinó el surgimiento de los llamados movimientos socialistas.
Sus integrantes proponÃan diversas soluciones, casi todas basadas en el enfrentamiento violento entre patrones y obreros, o entre el capital y el trabajo, como también se decÃa.
Quién elaboró un proyecto socialista muy peligroso por sus consecuencias fue Carlos Marx, un periodista y escritor alemán nacido en 1818. Predicaba la supresión de la propiedad privada, de las clases sociales, la toma violenta del poder polÃtico por los trabajadores y el establecimiento de lo que él llamó la dictadura del proletariado.
Los conflictos sociales se agudizaron cada dÃa más durante la segunda mitad del siglo XIX y las proposiciones de los distintos grupos socialistas -entre ellos el llamado socialismo marxista o comunismo- resultaban peligrosas por sus consecuencias. A esto se agregó el surgimiento del anarquismo, cuyos partidarios pretendÃan la destrucción de todo el ordenamiento social existente. Fue entonces cuando la Iglesia Católica decidió intervenir. En 1891 el papa León XIII dio a conocer una carta o encÃclica dirigida a todos los obispos del mundo para exponer su pensamiento acerca de la cuestión social. El documento -escrito en latÃn y conocido por sus primeras palabras, o sea Rerum novarum- demostraba que no era por medio de la violencia cómo se lograrÃan soluciones; sostenÃa la necesidad de que se llegase a un acuerdo entre el capital y el trabajo, y proponÃa concretas lÃneas de acción para lograrlo. El pensamiento de la Iglesia sobre este asunto fue reiterado en 1931 por el papa PÃo XI con la publicación de la encÃclica Quadragesimo anno.